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Cuatro tipos principales de riesgos de terceros: identificación y mitigación de amenazas de proveedores

Japón
John Price
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A la hora de gestionar el riesgo de terceros, es fundamental identificar y comprender los diferentes tipos de amenazas a las que se enfrentan las empresas. Para ello, existen cuatro tipos principales de riesgo que toda empresa debe conocer y que pueden aumentar su superficie de ciberataque. En este artículo, analizaremos estos cuatro tipos de riesgo, utilizando la frase clave "superficie de ciberataque", y ofreceremos estrategias para mitigarlos.

Introducción

En la era de la globalización y la conectividad digital, las empresas suelen recurrir a terceros para optimizar sus operaciones, impulsar la innovación y mantener su competitividad. Sin embargo, la mayor interconectividad también amplía la superficie de ciberataque de su organización. La "superficie de ciberataque" se define como el número total de puntos donde un usuario no autorizado puede intentar acceder o extraer datos de su entorno digital.

Cuerpo principal

Tipo 1: Riesgo estratégico

El primer tipo de riesgo es el riesgo estratégico. Este tipo de riesgo se refiere a las posibles amenazas que pueden enfrentar los procesos de toma de decisiones estratégicas cuando interviene un proveedor externo. Las decisiones estratégicas que implican la externalización de operaciones, por ejemplo, pueden afectar las funciones principales del negocio y tener implicaciones de gran alcance.

La mitigación del riesgo estratégico implica una diligencia debida exhaustiva antes de establecer cualquier alianza. Un análisis minucioso de los objetivos estratégicos, la trayectoria y la reputación del proveedor puede ayudar a evaluar su alineamiento con los objetivos de su negocio e identificar posibles áreas de preocupación.

Tipo 2: Riesgo de cumplimiento

El segundo tipo de riesgo es el riesgo de cumplimiento normativo. Dado que las empresas están sujetas a diversos marcos regulatorios, los proveedores externos también deben cumplir con las normativas para evitar sanciones legales y financieras. El riesgo de incumplimiento no solo amenaza su reputación, sino que también puede aumentar su vulnerabilidad a ciberataques.

Para mitigar el riesgo de incumplimiento, debe exigir transparencia a los proveedores respecto a sus programas de cumplimiento. Exíjales que demuestren que cumplen con todas las regulaciones y estándares relevantes, como el RGPD, la HIPAA, etc. También es recomendable realizar auditorías y evaluaciones periódicas para verificar el cumplimiento continuo.

Tipo 3: Riesgo operacional

El tercer tipo de riesgo es el riesgo operacional. Los riesgos operacionales se refieren a las pérdidas potenciales derivadas de procedimientos, sistemas o políticas inadecuados o fallidos. Este tipo de riesgo se agudiza especialmente cuando terceros tienen acceso a información sensible o confidencial, lo que aumenta la vulnerabilidad de su organización a los ciberataques.

Las estrategias de mitigación eficientes incluyen establecer roles y responsabilidades claramente definidos para ambas partes, realizar evaluaciones de desempeño periódicas y contar con planes de contingencia sólidos para enfrentar cualquier falla operativa.

Tipo 4: Riesgo de ciberseguridad

El cuarto tipo de riesgo es el riesgo de ciberseguridad. Se refiere a las amenazas potenciales que representan los ciberdelincuentes que buscan explotar las vulnerabilidades de sus sistemas o los de sus proveedores. Con la creciente interconectividad y la dependencia de terceros, la superficie de ciberataque de su empresa se amplía inevitablemente.

Mitigar este riesgo requiere medidas robustas de ciberseguridad, tanto internas como de terceros. Establezca protocolos de seguridad sólidos, realice evaluaciones periódicas de riesgos de ciberseguridad, emplee sistemas de inteligencia de amenazas e insista en que sus proveedores externos realicen comprobaciones de seguridad periódicas. Asegúrese siempre de que los proveedores comprendan y cumplan las políticas de ciberseguridad de su empresa como parte del contrato.

Conclusión

En conclusión, la gestión de riesgos de terceros es un aspecto fundamental de las operaciones comerciales contemporáneas. La interacción con proveedores externos suele ser inevitable, pero implica la ampliación de la superficie de ciberataque; de ahí la importancia de ser consciente y proactivo en la gestión de riesgos potenciales. Al comprender estos cuatro tipos principales de riesgos (estratégicos, de cumplimiento, operativos y de ciberseguridad), las empresas pueden crear planes y estrategias eficaces para protegerse y mitigar estas amenazas. Una gestión integral de proveedores, la debida diligencia, protocolos de seguridad sólidos y un compromiso continuo con la evaluación y mitigación de riesgos pueden reducir sustancialmente el impacto de estos riesgos en una empresa.

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