En el mundo interconectado actual, el acceso remoto de terceros desempeña un papel fundamental en los procesos empresariales, ofreciendo a las organizaciones una flexibilidad excepcional, eficiencia operativa y la capacidad de aprovechar al instante recursos especializados, independientemente de las barreras geográficas. Sin embargo, esta ventaja estratégica conlleva riesgos considerables, que introducen nuevas vulnerabilidades en el marco de ciberseguridad de la organización. Por lo tanto, para fortalecer su ciberseguridad, es fundamental comprender cabalmente estos riesgos y adoptar prácticas óptimas para mitigarlos.
El término "acceso remoto de terceros" se refiere a cualquier entidad ajena a la empresa que tenga permiso para acceder a su red remotamente, como contratistas, proveedores, socios o incluso clientes. Si bien estos terceros pueden proporcionar servicios y recursos valiosos, también pueden introducir amenazas en su red si su acceso remoto no se gestiona y protege adecuadamente.
Comprender las perspectivas del acceso remoto de terceros
Los riesgos asociados al acceso remoto de terceros se derivan inherentemente de la falta de control sobre las prácticas de ciberseguridad de estos actores externos. Esta realidad expone potencialmente sus sistemas y datos a diversas amenazas insidiosas.
Riesgo de prácticas de seguridad deficientes: Si las prácticas o la gestión de seguridad de un tercero son inadecuadas, pueden convertirse en un punto débil de su propia estrategia de defensa. Su acceso remoto es una posible puerta de entrada para actores maliciosos, lo que puede provocar filtraciones de datos críticas.
Malware y ciberataques: Si los sistemas de terceros se ven comprometidos, esto puede afectar indirectamente a su organización. El malware o el ransomware podrían infiltrarse en sus sistemas a través del acceso remoto otorgado a ese tercero.
Robo de datos y espionaje: terceros malintencionados pueden aprovecharse injustamente de sus derechos de acceso remoto, lo que da lugar a incidentes de robo de datos o espionaje corporativo.
Mejores prácticas para gestionar el acceso remoto de terceros
Para mitigar estos riesgos, se deben seguir las siguientes prácticas recomendadas:
Conozca a sus terceros: Comprenda quiénes son sus terceros, qué acceso requieren, por qué lo necesitan y cómo lo protegen. Se debe implementar un programa integral de gestión de riesgos de terceros (TPRM) para revisar y gestionar este proceso.
Principio de Mínimo Privilegio: Proporcionar a terceros únicamente el nivel de acceso que necesitan para realizar las tareas requeridas, y no más. Esto limita el daño potencial si su acceso fuera explotado.
Autenticación multifactor: Para garantizar que solo usuarios verificados accedan a su red, implemente la autenticación multifactor (MFA) para el acceso remoto de terceros. Esto reduce la probabilidad de que personas no autorizadas accedan mediante credenciales robadas o supuestas.
Monitoreo continuo: Supervise las actividades de terceros en su red. Una actividad inusual podría ser señal de una amenaza. El uso de IA y aprendizaje automático permite automatizar este proceso y mejorar significativamente la detección de amenazas y los tiempos de respuesta.
Auditorías periódicas: Audite periódicamente los controles y prácticas de seguridad de sus proveedores externos para garantizar que cumplan con sus estándares. Si es posible, incluya cláusulas en sus contratos que exijan el cumplimiento de ciertos protocolos de seguridad informática.
Conclusión
En conclusión, si bien el acceso remoto de terceros es una ventaja para las organizaciones, no se pueden ignorar los riesgos cibernéticos asociados. Al comprender estos riesgos e implementar las prácticas de mitigación adecuadas, las organizaciones pueden aprovechar al máximo el acceso remoto de terceros sin comprometer su seguridad. El acceso remoto de terceros no es un asunto que se pueda tomar a la ligera: requiere una gobernanza rigurosa, una vigilancia constante y un enfoque proactivo en la gestión de riesgos para mantener a raya las posibles amenazas.